viernes, 10 de junio de 2011
jueves, 9 de junio de 2011
Los tesoros de Polonia en el Palacio Real
Los tesoros de Polonia en el Palacio Real
Este cuadro fue, durante años, considerado tan misterioso como la mismísima Mona Lisa, ya que también se desconocía la identidad de la protagonista. Sin embargo, hoy se sabe que se trata de Cecilia Gallerani, joven de 17 años amante de Ludovico Sforza 'El Moro'. Además, el periplo de la obra también guarda su interés. Después de ser comprado en Italia hace más de dos siglos, tuvo que ser escondido de los nazis para finalmente terminar en manos de las autoridades polacas. Desde los años 90 ha estado viajando por el mundo para, por fin, poder ser admirado en España.
Pero no es éste el único atractivo de la colección. Las piezas expuestas, que se enmarcan en un periodo que abarca desde el medievo hasta finales del siglo XVII, momento en el que perdió la independencia, reflejan el importante papel de Polonia en la conservación del patrimonio artístico europeo. La corona, la nobleza y la iglesia fueron en esos años los principales coleccionistas de estas obras que, según Beata Bietronska Slota, comisaria de la muestra, contribuyeron posteriormente a la formación de la identidad nacional.
En las distintas salas se puede observar, en orden cronológico, desde retablos religiosos del siglo XIV a alfombras persas o piezas de artes decorativas de estética oriental. Además, hay un espacio dedicado a obras esenciales en el arte universal como 'La niña en el marco', de Rembrandt (1641), La Anunciación del Maestro Jerzy (1517) o el Retrato de Isabel de Portugal (1550), todas ellas parte del fondo del Museo Nacional de Cracovia. En la última sala, la número 12, colgará la esperada pintura de Da Vinci que solo permanecerá allí hasta el próximo 18 de agosto, cuando partirá hacia Berlín y Londres
Esta exposición, realizada en colaboración con el Museo Nacional de Cracovia (Polonia) y que cuenta con la colaboración de la Fundación Banco Santander y Acción Cultural Española, se engloba dentro del doble proyecto por el que dicha ciudad acogerá en julio la muestra 'Tesoros del Patrimonio Nacional de España', que incluirá un total de 104 obras que se conservan en nuestros museos.
Más info: Del 3 de junio al 4 de septiembre de 2011. Salas de exposiciones temporales del Palacio Real de Madrid. De lunes a domingo de 10:00 a 20:00 horas Precio de la entrada 10 euros www.patrimonionacional.es
miércoles, 8 de junio de 2011
Había una vez en el antiguo Japón, un viejo samurai , ya retirado que se dedicaba a enseñar el arte de la meditación a sus jóvenes alumnos. A pesar de su avanzada edad, corría la leyenda que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario.
Cierto día apareció por allí un guerrero con fama de ser el mejor en su género. Era conocido por su total falta de escrúpulos y por ser un especialista en la técnica de la provocación. Este guerrero esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento y después con una inteligencia privilegiada para captar los errores del contrario atacaba con una velocidad fulminante.
Nunca había perdido un combate.
Sabiendo de la fama del viejo samurai, estaba allí para derrotarlo y así aumentar su fama de invencible. El viejo aceptó el reto y se vieron en la plaza pública con todos los alumnos y gentes del lugar. El joven empezó a insultar al viejo maestro. Le escupió, tiró piedras en su dirección, le ofendió con todo tipo de desprecios a él, sus familiares y antepasados. Durante varias horas hizo todo para provocarlo, pero el viejo maestro permaneció impasible.
Al final de la tarde, exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró. Los discípulos corrieron hacia su maestro y le preguntaron cómo había soportado tanta indignidad de manera tan cobarde sin sacar su espada, asumiendo el riesgo de ser vencido.
-Si alguien te hace un regalo y tu no lo aceptas, ¿a quién pertenece ese regalo? -preguntó el samurai.
-A quién intentó entregarlo -respondió un discípulo.
-Pues lo mismo vale para la rabia, la ira, los insultos y la envidia -dijo el maestro-, cuando no son aceptados continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.
Cierto día apareció por allí un guerrero con fama de ser el mejor en su género. Era conocido por su total falta de escrúpulos y por ser un especialista en la técnica de la provocación. Este guerrero esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento y después con una inteligencia privilegiada para captar los errores del contrario atacaba con una velocidad fulminante.
Nunca había perdido un combate.
Sabiendo de la fama del viejo samurai, estaba allí para derrotarlo y así aumentar su fama de invencible. El viejo aceptó el reto y se vieron en la plaza pública con todos los alumnos y gentes del lugar. El joven empezó a insultar al viejo maestro. Le escupió, tiró piedras en su dirección, le ofendió con todo tipo de desprecios a él, sus familiares y antepasados. Durante varias horas hizo todo para provocarlo, pero el viejo maestro permaneció impasible.
Al final de la tarde, exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró. Los discípulos corrieron hacia su maestro y le preguntaron cómo había soportado tanta indignidad de manera tan cobarde sin sacar su espada, asumiendo el riesgo de ser vencido.
-Si alguien te hace un regalo y tu no lo aceptas, ¿a quién pertenece ese regalo? -preguntó el samurai.
-A quién intentó entregarlo -respondió un discípulo.
-Pues lo mismo vale para la rabia, la ira, los insultos y la envidia -dijo el maestro-, cuando no son aceptados continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.
martes, 7 de junio de 2011
Un pescador encontró entre sus redes una botella de cobre con el tapón de plomo. Parecía muy antigua.
Al abrirla salió de repente un genio maravilloso que una vez liberado le dijo al pescador:
-Te concedo tres deseos por haberme sacado de mi encierro. ¿Cuál es tu primer deseo?
Al abrirla salió de repente un genio maravilloso que una vez liberado le dijo al pescador:
-Te concedo tres deseos por haberme sacado de mi encierro. ¿Cuál es tu primer deseo?
-Me gustaría que me hicieras lo bastante inteligente y claro como para hacer una elección perfecta de los otros dos deseos -dijo el pescador.
-Hecho -dijo el genio-, y ahora, ¿cuáles son tus otros dos deseos?
El pescador reflexionó un momento y dijo:
-Muchas gracias, no tengo más deseos.
.
.
-Hecho -dijo el genio-, y ahora, ¿cuáles son tus otros dos deseos?
El pescador reflexionó un momento y dijo:
-Muchas gracias, no tengo más deseos.
.
.
lunes, 6 de junio de 2011
Propuesta de Vida
Siempre ten presente que la piel se arruga,
el pelo se vuelve blanco,
los días se convierten en años.
Pero lo importante no cambia,
tu fuerza y tu convicción no tiene edad.
Tu espíritu es el plumero de cualquier tela de araña.
Detrás de cada línea de llegada, hay una partida.
Detrás de cada logro, hay un desafío.
Mientras estés vivo, siéntete vivo.
Si extrañas lo que hacías,
vuelve hacerlo, no vivas de fotos amarillas.
Sigue, aunque todos esperen que abandones.
No dejes que se oxide el hierro que hay en ti.
Haz que en vez de lástima te tengan respeto.
Cuando por los años no puedas correr trota.
Cuando por los años no puedas caminar, usa el bastón.
Pero... ¡Nunca te detengas!
Me puedo caer,
me puedo herir,
puedo quebrarme,
pero con eso no desaparecerá
mi fuerza de Voluntad.
Madre Teresa de Calcuta
el pelo se vuelve blanco,
los días se convierten en años.
Pero lo importante no cambia,
tu fuerza y tu convicción no tiene edad.
Tu espíritu es el plumero de cualquier tela de araña.
Detrás de cada línea de llegada, hay una partida.
Detrás de cada logro, hay un desafío.
Mientras estés vivo, siéntete vivo.
Si extrañas lo que hacías,
vuelve hacerlo, no vivas de fotos amarillas.
Sigue, aunque todos esperen que abandones.
No dejes que se oxide el hierro que hay en ti.
Haz que en vez de lástima te tengan respeto.
Cuando por los años no puedas correr trota.
Cuando por los años no puedas caminar, usa el bastón.
Pero... ¡Nunca te detengas!
Me puedo caer,
me puedo herir,
puedo quebrarme,
pero con eso no desaparecerá
mi fuerza de Voluntad.
Madre Teresa de Calcuta
viernes, 3 de junio de 2011
CUENTO A TROYA, HELENA (por Fernando Iwasaki Cauti)
Acostáronse ambos en el torneado lecho, mientras el Atrida se revolvía entre la muchedumbre, buscando al deiforme Alejandro...
HOMERO, Ilíada III, 448ss.
Aparqué el coche a cuatro manzanas de la calle como si hubiera ensayado esa estrategia cientos de veces. ¿Qué sentido tenía que Helena no me sintiera llegar si nunca sabía cuándo me iba? Yo era una suerte de extraño visitante en mi propia casa, más concentrado en mis alumnos y en la facultad que en atender a Helena o a los niños. Tal vez porque había vivido demasiado rápido y me encontraba ahora cerca de los treinta sin algo verdaderamente atractivo que me estimulara, pues había conocido el amor y la muerte tan temprano que tardé más de una década en aminorar la velocidad e intensidad de mis experiencias. De pronto me hallé prematuramente envejecido en una cátedra universitaria, empachado por todo lo bebido y lo bailado y con una mujer que también llegaba a los treinta en su momento, llena de apetitos y curiosidades y con ese ímpetu sensual que nunca colmé completamente.
Entré con sigilosa cautela para que no escuchara, pero el fragor de su propia batalla lo habría impedido de todas maneras. Helena era preciosa, mas sobre todo buena y diligente: antes de mandar a los chicos al colegio ya había preparado el almuerzo, barrido los suelos, planchado la ropa y hasta desempolvado mi vieja colección de piedras, reunida en los cerros de Santa Eulalia cuando fui a mi primer campamento en tercero de primaria. Nunca se quejó de mi estúpida arqueología sentimental: los cepillos de mi bautizo, chapitas de gaseosas de los cinco continentes e incluso la peonza de bronce que le gané al chinito Alejos en tres jugadas memorables. Todos esos cachivaches recibían puntuales su franelazo indiferente porque Helena era ordenada y meticulosa. Por eso mismo, cuando vi los vasos de whisky en la alfombra y la ropa arrojada con urgencia sobre los muebles, comprendí que estaba exorcizando la rutina doméstica, mi costumbre de doblar camisa y pantalón antes de hacer el amor.
La verdad es que Helena había resistido demasiado, más de lo que se le podía pedir a una chica que se casa a los veinte años con un huevón de oficio pero sin beneficio. Primero empezó organizando el decrépito chalecito que alquilamos ('vas a ver cómo Barranco se pone de moda', decía), luego fue el embarazo de Martita y el inevitable año de universidad perdido. Más tarde vino la desesperación por la coincidencia de biberones y exámenes, de monografías y pañales. Parecía que al fin acabaría la carrera cuando el ginecólogo le dijo que su análisis daba positivo, que felicitaciones y toda la matraca. Fue la única vez que la vi llorar, lamentándose de cómo al final estaba como todas las marujas que estudian psicología para educar a sus hijitos. Por lo menos ahora la escuchaba reír y hasta ronronear, gemir una y otra vez como si estuviera fuera de sí.
La universidad fue su obsesión. A pesar de haber ingresado juntos nunca estableció comparaciones odiosas, mas siempre sospeché que le repateaba que esas chicas a quienes había visto crecer en mi oficina desde que estaban en primero se graduaran antes que ella, y que encima yo les dirigiera sus tesis. Ellas eran jóvenes, no estaban cargadas de niños, tenían tiempo de arreglarse y además un título profesional ('pueden conquistar a quien les dé la gana, ¿no?', repetía a cada rato, quizá con doble intención) ¿Pensaría acaso que alguna de esas cosas estaba ya fuera de su alcance? Para bien o para mal ello debió de ser un acicate constante, pues cuando Marta y los mellizos crecieron se metió al gimnasio, sacó la licenciatura y descubrió el afrodisíaco hechizo que sus tobillos infligían sobre los machos de toda condición.
Desde el corredor me aproximé hacia la puerta entreabierta y el espejo del ropero me exoneró de seguir acercándome. Helena estaba de espaldas, sentada sobre la barriga de un amante enardecido que la hacía subir y bajar, entrar y salir. Parecerá extraño, mas lo que llamó poderosamente mi atención fue el exótico aderezo de mi esposa. Recordé que un día se apareció en nuestro cuarto con una bata transparente bajo la cual resaltaba esa misma ropa interior negra, con sus medias, ligueros y todo. Me desvistió como si pelara una fruta y me tumbó encima de la cama con lujuria y violencia, sin importarle mis quejas acerca del suelo encerado y mis calzoncillos blancos. Con torpe rudeza la despojé de sus encajes y en cinco minutos apuré el trámite que su emboscada exigía, a pesar de los desesperados movimientos de sus caderas por reavivar el cartílago marchito que saciado se dejaba aplastar completamente adormecido.
¿Cuántas veces se habrá quedado con el deseo y el sostén a medio quitar? En cambio ese hombre sabía hacerla disfrutar sin destejer las nigrescentes gasas que la envolvían, como si conociera de memoria dónde estaban sus vulvas y turgencias en medio de ese laberinto de redes y orificios.
De pronto decidieron ensayar nuevos juegos y posturas y rodaron retorciéndose entre nalgas y caricias, los dedos hurgando bajo los vellos, las lenguas avezadas en su sitio, los ojos delirando casi a oscuras. Hacía tiempo que no veía así el rostro de Helena, la boca abierta con los labios sugerentes y la mandíbula en un espasmo, transfigurada por el placer. Nuestra intimidad era más bien monótona, burocrática y sin duda a veces frustrante. Allí todo era osadía, evasión y espontaneidad.
¿Quién era esa persona que de golpe y porrazo se había metido en mi cama y en mi vida? ¿Sería algún vecino o quizá un instructor del famoso gimnasio? A través del espejo creí reconocer sus facciones aniñadas, andróginas, y reparé en que había sido alumno mío el ciclo pasado: Alejandro Parissi, hijo de un fabricante de panetones, expulsado de la universidad por haber sido cateado tres veces en Historia Universal I. ¿Se trataba de un ajuste de cuentas a la italiana o Parissi era el ignorante instrumento de la revancha erótica de Helena? Me sentí ofendido en mi amor propio al ser desplazado por un tipo así, mas comprendí que Parissi era todo lo opuesto a mí con sus torrenciales veintiún años y a la vez todo lo que Helena necesitaba con sus diez años más.
Al fin y al cabo el chico no tenía la culpa porque a esa edad no se perdona. ¿Yo no había hecho lo mismo con la secretaria de mi viejo y con las lagartonas pijas que se sentaban a ligar con jovencitos en cafeterías de lujo? En aquella época lo veía desde el prisma de una adolescencia incontinente y me importaba un huevo lo que pensara la treintañera de turno. Debían de sentirse solas, desdeñadas e insatisfechas en esa edad en la que siempre estás salida, y hacían bien en adornar la cabeza de sus maridos. Ellas iban a lo suyo y yo iba a lo mío, así como Parissi se esmeraba en prolongar el último orgasmo de Helena hasta el límite de las gunfias.
Los dos se quedaron laxos y relajados después del clímax, pero las manos sonámbulas seguían buscando las partes blandas, húmedas, acalambradas. Entonces Helena intentó reanimarlo con delicadas felaciones que fueron descendiendo lentamente por las piernas hasta llegar a los pies, donde empezó a rozar sus rígidos pezones sobre esos dedos sensibles que atesoran la energía final. Sacudido por una descarga indescifrable y fulminante, Parissi aferró enhiesto la odalisca cintura que se apretaba contra su cuerpo y ordenó con voz ronca y temblorosa: 'A Troya, Helena. Ahora vamos a Troya'.
Recordé cuántas veces intenté penetrar infructuosamente en los insondables dominios traseros de Helena y reprimí un instinto homicida desde el otro lado del espejo. Mi memoria repasó la hambrienta concupiscencia de las mujeres maduras que conocí y cómo me justificaba a mí mismo por hacer lo que hacía con ellas dos veces al mes, tres veces por semana, cuatro veces al día. Por esos años Helena era la típica enamorada adolescente que vivía en las nubes, pero ahora se había convertido en una lagartona, en una Melusina insaciable. Pensé en los niños y en la soledad en que quedarían si la mataba, en la ausencia irreparable de su madre y en las pesadillas que les harían dar gritos destemplados. Así, así como Helena gritaba ahora con la cara congestionada, la sonrisa contenida, el desenfreno en cuatro patas. Me dije entonces que no valía la pena y que ese enervante reflejo me devolvía en realidad mis lascivos quehaceres de otra época, espejismo al mismo tiempo urdido en el deseo imposible de haber sido una vez Parissi y raptado a mi propia Helena, sus níveos brazos, mi Caballo de Troya.
Bajé las escaleras y volví a dictar mis clases. Nunca me atreví a transgredir mi aburrida rutina para no enfrentarme otra vez al inefable espejo del ropero. Helena seguía siendo hermosa, pero sobre todo buena y diligente: un beso entrañable todas las mañanas, los mismos encuentros fugaces de siempre y hasta un franelazo indiferente de vez en cuando. Con el tiempo olvidé la escena pecaminosa que reverberó en el armario, mas a veces resuena en mis oídos ese ruido tan sórdido que hacen dos cuerpos cuando se aman.
HOMERO, Ilíada III, 448ss.
Aparqué el coche a cuatro manzanas de la calle como si hubiera ensayado esa estrategia cientos de veces. ¿Qué sentido tenía que Helena no me sintiera llegar si nunca sabía cuándo me iba? Yo era una suerte de extraño visitante en mi propia casa, más concentrado en mis alumnos y en la facultad que en atender a Helena o a los niños. Tal vez porque había vivido demasiado rápido y me encontraba ahora cerca de los treinta sin algo verdaderamente atractivo que me estimulara, pues había conocido el amor y la muerte tan temprano que tardé más de una década en aminorar la velocidad e intensidad de mis experiencias. De pronto me hallé prematuramente envejecido en una cátedra universitaria, empachado por todo lo bebido y lo bailado y con una mujer que también llegaba a los treinta en su momento, llena de apetitos y curiosidades y con ese ímpetu sensual que nunca colmé completamente.
Entré con sigilosa cautela para que no escuchara, pero el fragor de su propia batalla lo habría impedido de todas maneras. Helena era preciosa, mas sobre todo buena y diligente: antes de mandar a los chicos al colegio ya había preparado el almuerzo, barrido los suelos, planchado la ropa y hasta desempolvado mi vieja colección de piedras, reunida en los cerros de Santa Eulalia cuando fui a mi primer campamento en tercero de primaria. Nunca se quejó de mi estúpida arqueología sentimental: los cepillos de mi bautizo, chapitas de gaseosas de los cinco continentes e incluso la peonza de bronce que le gané al chinito Alejos en tres jugadas memorables. Todos esos cachivaches recibían puntuales su franelazo indiferente porque Helena era ordenada y meticulosa. Por eso mismo, cuando vi los vasos de whisky en la alfombra y la ropa arrojada con urgencia sobre los muebles, comprendí que estaba exorcizando la rutina doméstica, mi costumbre de doblar camisa y pantalón antes de hacer el amor.
La verdad es que Helena había resistido demasiado, más de lo que se le podía pedir a una chica que se casa a los veinte años con un huevón de oficio pero sin beneficio. Primero empezó organizando el decrépito chalecito que alquilamos ('vas a ver cómo Barranco se pone de moda', decía), luego fue el embarazo de Martita y el inevitable año de universidad perdido. Más tarde vino la desesperación por la coincidencia de biberones y exámenes, de monografías y pañales. Parecía que al fin acabaría la carrera cuando el ginecólogo le dijo que su análisis daba positivo, que felicitaciones y toda la matraca. Fue la única vez que la vi llorar, lamentándose de cómo al final estaba como todas las marujas que estudian psicología para educar a sus hijitos. Por lo menos ahora la escuchaba reír y hasta ronronear, gemir una y otra vez como si estuviera fuera de sí.
La universidad fue su obsesión. A pesar de haber ingresado juntos nunca estableció comparaciones odiosas, mas siempre sospeché que le repateaba que esas chicas a quienes había visto crecer en mi oficina desde que estaban en primero se graduaran antes que ella, y que encima yo les dirigiera sus tesis. Ellas eran jóvenes, no estaban cargadas de niños, tenían tiempo de arreglarse y además un título profesional ('pueden conquistar a quien les dé la gana, ¿no?', repetía a cada rato, quizá con doble intención) ¿Pensaría acaso que alguna de esas cosas estaba ya fuera de su alcance? Para bien o para mal ello debió de ser un acicate constante, pues cuando Marta y los mellizos crecieron se metió al gimnasio, sacó la licenciatura y descubrió el afrodisíaco hechizo que sus tobillos infligían sobre los machos de toda condición.
Desde el corredor me aproximé hacia la puerta entreabierta y el espejo del ropero me exoneró de seguir acercándome. Helena estaba de espaldas, sentada sobre la barriga de un amante enardecido que la hacía subir y bajar, entrar y salir. Parecerá extraño, mas lo que llamó poderosamente mi atención fue el exótico aderezo de mi esposa. Recordé que un día se apareció en nuestro cuarto con una bata transparente bajo la cual resaltaba esa misma ropa interior negra, con sus medias, ligueros y todo. Me desvistió como si pelara una fruta y me tumbó encima de la cama con lujuria y violencia, sin importarle mis quejas acerca del suelo encerado y mis calzoncillos blancos. Con torpe rudeza la despojé de sus encajes y en cinco minutos apuré el trámite que su emboscada exigía, a pesar de los desesperados movimientos de sus caderas por reavivar el cartílago marchito que saciado se dejaba aplastar completamente adormecido.
¿Cuántas veces se habrá quedado con el deseo y el sostén a medio quitar? En cambio ese hombre sabía hacerla disfrutar sin destejer las nigrescentes gasas que la envolvían, como si conociera de memoria dónde estaban sus vulvas y turgencias en medio de ese laberinto de redes y orificios.
De pronto decidieron ensayar nuevos juegos y posturas y rodaron retorciéndose entre nalgas y caricias, los dedos hurgando bajo los vellos, las lenguas avezadas en su sitio, los ojos delirando casi a oscuras. Hacía tiempo que no veía así el rostro de Helena, la boca abierta con los labios sugerentes y la mandíbula en un espasmo, transfigurada por el placer. Nuestra intimidad era más bien monótona, burocrática y sin duda a veces frustrante. Allí todo era osadía, evasión y espontaneidad.
¿Quién era esa persona que de golpe y porrazo se había metido en mi cama y en mi vida? ¿Sería algún vecino o quizá un instructor del famoso gimnasio? A través del espejo creí reconocer sus facciones aniñadas, andróginas, y reparé en que había sido alumno mío el ciclo pasado: Alejandro Parissi, hijo de un fabricante de panetones, expulsado de la universidad por haber sido cateado tres veces en Historia Universal I. ¿Se trataba de un ajuste de cuentas a la italiana o Parissi era el ignorante instrumento de la revancha erótica de Helena? Me sentí ofendido en mi amor propio al ser desplazado por un tipo así, mas comprendí que Parissi era todo lo opuesto a mí con sus torrenciales veintiún años y a la vez todo lo que Helena necesitaba con sus diez años más.
Al fin y al cabo el chico no tenía la culpa porque a esa edad no se perdona. ¿Yo no había hecho lo mismo con la secretaria de mi viejo y con las lagartonas pijas que se sentaban a ligar con jovencitos en cafeterías de lujo? En aquella época lo veía desde el prisma de una adolescencia incontinente y me importaba un huevo lo que pensara la treintañera de turno. Debían de sentirse solas, desdeñadas e insatisfechas en esa edad en la que siempre estás salida, y hacían bien en adornar la cabeza de sus maridos. Ellas iban a lo suyo y yo iba a lo mío, así como Parissi se esmeraba en prolongar el último orgasmo de Helena hasta el límite de las gunfias.
Los dos se quedaron laxos y relajados después del clímax, pero las manos sonámbulas seguían buscando las partes blandas, húmedas, acalambradas. Entonces Helena intentó reanimarlo con delicadas felaciones que fueron descendiendo lentamente por las piernas hasta llegar a los pies, donde empezó a rozar sus rígidos pezones sobre esos dedos sensibles que atesoran la energía final. Sacudido por una descarga indescifrable y fulminante, Parissi aferró enhiesto la odalisca cintura que se apretaba contra su cuerpo y ordenó con voz ronca y temblorosa: 'A Troya, Helena. Ahora vamos a Troya'.
Recordé cuántas veces intenté penetrar infructuosamente en los insondables dominios traseros de Helena y reprimí un instinto homicida desde el otro lado del espejo. Mi memoria repasó la hambrienta concupiscencia de las mujeres maduras que conocí y cómo me justificaba a mí mismo por hacer lo que hacía con ellas dos veces al mes, tres veces por semana, cuatro veces al día. Por esos años Helena era la típica enamorada adolescente que vivía en las nubes, pero ahora se había convertido en una lagartona, en una Melusina insaciable. Pensé en los niños y en la soledad en que quedarían si la mataba, en la ausencia irreparable de su madre y en las pesadillas que les harían dar gritos destemplados. Así, así como Helena gritaba ahora con la cara congestionada, la sonrisa contenida, el desenfreno en cuatro patas. Me dije entonces que no valía la pena y que ese enervante reflejo me devolvía en realidad mis lascivos quehaceres de otra época, espejismo al mismo tiempo urdido en el deseo imposible de haber sido una vez Parissi y raptado a mi propia Helena, sus níveos brazos, mi Caballo de Troya.
Bajé las escaleras y volví a dictar mis clases. Nunca me atreví a transgredir mi aburrida rutina para no enfrentarme otra vez al inefable espejo del ropero. Helena seguía siendo hermosa, pero sobre todo buena y diligente: un beso entrañable todas las mañanas, los mismos encuentros fugaces de siempre y hasta un franelazo indiferente de vez en cuando. Con el tiempo olvidé la escena pecaminosa que reverberó en el armario, mas a veces resuena en mis oídos ese ruido tan sórdido que hacen dos cuerpos cuando se aman.
jueves, 2 de junio de 2011
¿De qué sirven las palabras?, Poemario de Kabir
¿A quién debo acudir para aprender sobre mi Amado?
Kabir dice:
“Del mismo modo que si ignoras el árbol
puede que nunca encuentres el bosque,
también puede que nunca le encuentres en abstracciones”.
¡Oh, sadhu! Mi tierra es una tierra sin pesar.
Se lo grito bien alto a todos: al rey y al mendigo,
al emperador y al faquir:
Deja que todos los que buscan cobijo en lo más alto,
vengan y se queden en mis tierras.
Deja que el fatigado venga y deje aquí su carga.
Vive pues aquí, hermano mío,
desde donde podrás fácilmente cruzar a la otra orilla.
Éste es un país sin tierra ni cielo,
sin luna ni estrellas
porque solamente el fulgor de la verdad
brilla en el durbar de mi Señor.
Kabir dice:
“¡Oh, querido hermano!
Nada es esencial excepto la verdad”.
¿De qué sirven las palabras,
cuando el amor ha embriagado el corazón?
cuando el amor ha embriagado el corazón?
miércoles, 1 de junio de 2011
La luz es consciencia y sabiduría
PLEITO A LA LUZ 101 Cuentos de la India PArte II Ramiro Calle He aquí que un día la oscuridad se percató de que la luz cada vez le estaba robando mayor espacio y decidió entonces ponerle un pleito. Tiempo después, llegó el día marcado para el juicio. La luz se personó en la sala antes de que lo hiciera la oscuridad.
Llegaron los respectivos abogados y el juez. Transcurrió el tiempo, pero la oscuridad no se presentaba. Todos esperaron pacientemente, pero la oscuridad no aparecía. Finalmente, harto el juez y constatando que la parte demandante no acudía, falló a favor de la luz. ¿Qué había sucedido? ¿Cómo era posible que la oscuridad hubiera puesto un pleito y no se hubiera presentado? Nadie salía de su asombro, aunque la explicación era sencilla: la oscuridad estaba fuera de la sala, pero no se atrevió a entrar porque sabía que sería en el acto disipada por la luz.
*El Maestro dice: La luz es consciencia y sabiduría, en tanto que la oscuridad es ofuscación y estrechez de miras. Si te estableces en la sabiduría, ¿hay lugar para la ofuscación?*
martes, 31 de mayo de 2011
No es a través del intelecto como se alcanza el Ser: el pensamiento no puede comprender al pensador y el conocimiento erudito no tiene nada que ver con la Sabiduría*
EL BARQUERO INCULTO
101 Cuentos de la India Parte II Ramiro Calle
Se trataba de un joven erudito, arrogante y engreído. Para cruzar un caudaloso río de una a otra orilla tomó una barca. Silente y sumiso, el barquero comenzó a remar con diligencia. De repente, una bandada de aves surcó el cielo y el joven preguntó al barquero:
--Buen hombre, ¿has estudiado la vida de las aves?
--No, señor -repuso el barquero.
--Entonces, amigo, has perdido la cuarta parte de tu vida.
Pasados unos minutos, la barca se deslizó junto a unas exóticas plantas que flotaban en las aguas del río. El joven preguntó al barquero:
--Dime, barquero, ¿has estudiado botánica?
--No, señor, no sé nada de plantas.
--Pues debo decirte que has perdido la mitad de tu vida -comentó el petulante joven.
El barquero seguía remando pacientemente. El sol del mediodía se reflejaba luminosamente sobre las aguas del río. Entonces el joven preguntó:
--Sin duda, barquero, llevas muchos años deslizándote por las aguas.
?Sabes, por cierto, algo de la naturaleza del agua?
--No, señor, nada sé al respecto.
No sé nada de estas aguas ni de otras.
--¡Oh, amigo! -exclamó el joven-.
De verdad que has perdido las tres cuartas partes de tu vida.
Súbitamente, la barca comenzó a hacer agua. No había forma de achicar tanta agua y la barca comenzó a hundirse. El barquero preguntó al joven:
--Señor, ¿sabes nadar?
--No -repuso el joven.
--Pues me temo, señor, que has perdido toda tu vida.
*El Maestro dice: No es a través del intelecto como se alcanza el Ser: el pensamiento no puede comprender al pensador y el conocimiento erudito no tiene nada que ver con la Sabiduría*.
lunes, 30 de mayo de 2011
El Maestro dice: La palabra es limitada y no puede nombrar lo innombrable
LA ELOCUENCIA DEL SILENCIO
101 Cuentos de la India Parte II Ramiro Calle.
Un padre deseaba para sus dos hijos la mejor formación mística posible.
Por ese motivo, los envió a adiestrarse espiritualmente con un reputado maestro de la filosofía vedanta. Después de un año, los hijos regresaron al hogar paterno. El padre preguntó a uno de ellos sobre el Brahmán, y el hijo se extendió sobre la Deidad haciendo todo tipo de ilustradas referencias a las escrituras, textos filosóficos y enseñanzas metafísicas. Después, el padre preguntó sobre el Brahmán al otro hijo, y éste se limitó a guardar silencio.
Entonces el padre, dirigiéndose a este último, declaró:
--Hijo, tú sí que sabes realmente lo que es el Brahmán.
*El Maestro dice: La palabra es limitada y no puede nombrar lo innombrable.
sábado, 28 de mayo de 2011
Petición cumplida
Petición cumplida, espero que a quienes pueda interesar les llegue para participar. Saludos. Amicus
(PARA SU DIFUSIÓN EN LOS MEDIOS)
Estimados hermanos y hermanas en Cristo.
Desde el Foro Ecuménico Pentecostés (FEP) tenemos el placer de enviarles la Nota de Prensa, Cartel e Invitación para su difusión en los medios de cara a presentar la Vigilia Ecuménica de Pentecostés que por sexto año consecutivo se celebrará en la ciudad de Madrid, promovida por las Iglesias, Comunidades y Organizaciones (Católica, Protestante, Anglicana y Ortodoxa) que constituyen el FEP.
VIGILIA ECUMÉNICA DE PENTECOSTÉS 2011
“Unidos en la enseñanza de los apóstoles,
la comunión fraterna, la fracción del pan y la oración"
(cf. Hch 2,42)
(cf. Hch 2,42)
INVITACIÓN
Sábado, 4 de Junio de 2011
Hermanas y hermanos en Cristo,
Este año pensareis que nos hemos confundido con la fecha de la Vigilia de Pentecostés, efectivamente la hemos adelantado conscientemente una semana, desde el consenso entre los delegados de las diferentes iglesias, comunidades y organizaciones que forman el Foro Ecuménico Pentecostés, con el fin de que podamos contar con una mayor participación ecuménica y a la vez podamos también disfrutar luego cada uno en su comunidad de origen... Pero lo más importante es que queremos invitaros a todos a que nos unamos desde la oración y la vida en esta celebración, cada uno desde sus lugares, realidades y comunidades.
Esta celebración que ya cumple su sexta edición. Surgió con la intención de caminar juntos, orando los unos por los otros en un Espíritu de unidad, que reagrupe y sirva para sumarse también a las demás vigilias de Pentecostés cercanas y lejanas que se celebran en este tiempo en todas las comunidades cristianas (1). Surgió también con la inquietud de ofrecer un espacio celebrativo y abierto a la vida, el arte y los diferentes dones.
Nos unimos en esta noche de oración, a todos los cristianos y cristianas de cualquier confesión, a todas aquellas pequeñas comunidades de barrios y pueblos encarnadas en los más débiles, a todos aquellos hermanos y hermanas nuestros que se encuentran solos, en la frontera, algunos desubicados de grupos y comunidades y que con toda seguridad no van a participar en ningún tipo de vigilia.
Y queremos tener también muy presente este año las distintas crisis que azotan a nuestra sociedad y en las que, una vez más, vemos el testimonio de los cristianos de las distintas confesiones que iluminan, acompañan y viven el evangelio junto a los más perjudicados.
La vigilia que convocamos, como Foro Ecuménico Pentecostés, tendrá carácter esencialmente fraterno, eclesial y ecuménico, de unidad y de pluralidad entre todos los llamados a formar un solo Cuerpo y una sola Familia Universal con todos los pueblos de la Tierra (Hechos de los Apóstoles 2, 1-41).
El lema de la celebración de la Semana de oración para la unidad de los cristianos, Unidos en la enseñanza de los apóstoles, la comunión fraterna, la fracción del pan y la oración (cf. Hch 2,42), guiará esta Vigilia ya que refleja la alternativa fiel mediante la cual sabemos que con la ayuda del Espíritu Santo y una comunidad comprometida se puede cambiar la sociedad. Allá donde exista una comunidad cristiana fuerte, fraterna, abierta a compartir y a luchar por los empobrecidos y los que sufren injusticia... será con seguridad un foco de esperanza, un puente que restaurará la unidad entre el Mundo y la divina experiencia del Evangelio... Una Iglesia reunida en Dios.
Este año gozaremos también de una Mesa Redonda en donde diversos proyectos, liderados por cristianos de distintas confesiones cristianas, sirven de testimonio para mostrar que hay otras formas de hacer las cosas para transformar la sociedad.
Recibid un fraternal saludo de Paz y Esperanza.
Foro Ecuménico Pentecostés *
(1) Por favor : Si conocéis de otros lugares (comunidades, parroquias, movimientos, etc.) que van a celebrar también una vigilia de Pentecostés, comunicádnoslo vía email para ir tejiendo entre todos desde la oración una red del Espíritu. Os recordaremos y os tendremos presente.
PROGRAMA
Primera Parte: desde las 17:30 a las 20,30 h
17:30 h: Acogida
18,00 h – 20:00 h: Mesa Redonda "Testimonios desde distintas confesiones cristianas ante las crisis"
Marcos Araujo (Iglesia Evangélica Española - Moderador)
Soledad Alonso (Iglesia Católica Romana - Movimiento de los Focolares - iluminando desde la Economía de Comunión)
Raquel Galán (Iglesia Evangélica Española - iluminando la importancia de la Enseñanza desde los valores del Evangélio)
Guillermo de Andrés Wilches (Iglesia Española Reformada Episcopal - iluminando desde la acción social a los más necesitados)
20,00 h: Ágape fraterno (compartiremos la comida que entre todos traigamos)
21:00 h Ensayo de Cantos de la Vigilia
Segunda Parte: desde las 21:30 h hasta las 23:30h aproximadamente
CELEBRACIÓN DE LA VIGILIA DE PENTECOSTÉS (Vigilia- oración compartida). Oraremos y celebraremos la realidad de la vida desde los dones de cada uno. Se compartirá y orará desde diferentes testimonios
Lugar : Iglesia de Nuestra Señora del Buen Suceso (En la Capilla entrada por C/ Tutor, 32. Madrid).
Metro: Argüelles (líneas 3, 4 y 6) Autobuses: 1, 21, 44, 133, M2, C1 y C2.
Fecha: Sábado 4 de junio de 2011
Contactos:
Carlos Jesús Delgado : 619285 24 3 E-mail carlosjesusd@yahoo.es
Antonio González : 696 185 823 E-mail antonioocd@yahoo.es
PD: Esta vigilia como todo lo de Dios está abierta a que cada uno llegue cuando pueda , es por eso , por lo que puedes participar bien en la primera parte , bien en la segunda o en las dos , según las ganas y el tiempo que tengas. Avisadnos los que tengáis intención de participar.
Para la cena o ágape traeros lo que estiméis oportuno compartir.
* El Foro Ecuménico Pentecostés lo componen miembros delegados de:
• IGLESIA EVANGÉLICA ESPAÑOLA.
- PRESBITERIO IEE DE MADRID
• COMUNIDAD EVANGÉLICA DE HABLA ALEMÁNA
• IGLESIA ESPAÑOLA REFORMADA EPISCOPAL
• METROPOLIS ORTODOXA DE ESPAÑA Y PORTUGAL
• IGLESIA CATÓLICO ROMANA (DIOCESIS DE MADRID)
-DELEGACIÓN DE RELACIONES INTERCONFESIONALES (IRC)
- COMISION DIOCESANA JUSTICIA Y PAZ
• PARROQUIA DE SAINT GEORGES (COMUNIÓN ANGLICANA)
• MISIONERAS DE LA UNIDAD
• ASOCIACIÓN ECUMÉNICA INTERNACIONAL- IEF
• ORDEN CARMELITAS DESCALZOS
• CARMELO ECUMÉNICO E INTERRELIGIOSO
• INSTITUCIÓN TERESIANA
• CEB ULTREIA ET SUSEIA
• CEB PUEBLO DE DIOS (CCV MADRID)
• INSTITUTO DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA (MADRES IRLANDESAS)
• CONGREGACIÓN CARMELITAS MISIONERAS
• MOVIMIENTO DE LOS FOCOLARES
• COMUNIDAD DE SANT’EGIDIO MADRID
viernes, 27 de mayo de 2011
La 70 edición de la Feria del Libro de Madrid se celebrará del 27 de mayo al 12 de junio
La Feria del Libro de Madrid es una actividad organizada por la Asociación de Empresarios del Comercio del Libro de Madrid (Gremio de Libreros de Madrid), la Asociación de Editores de Madrid y la Federación de Asociaciones Nacionales de Distribuidores de Editores (FANDE). Un encuentro con el escritor y filósofo alemán Rüdiger Safranski será el acto que inaugure las actividades culturales de esta edición el viernes 27 de mayo. ¡AleManía en la Feria del Libro! es el lema del programa de encuentros organizados por el Goethe-Institut Madrid, la Embajada de la República Federal de Alemania y la Feria del Libro de Madrid. Entre los autores alemanes que acudirán a la Feria se encuentran Clemens Meyer, Volker Braun, Kathrin Schmidt, David Safier, Christian Schünemann, Volker Kutscher y Hans Magnus Enzensberger.Cómo llegar
¿Cómo llegar?
Pº del Duque de Fernán Núñez - Paseo de Coches
Jardines del Buen Retiro
METRO
Estaciones de Príncipe de Vergara (Líneas 2 y 9), Retiro (L2) o Ibiza (L9) Saiz de Baranda (L6) O,Donell (L6)
BUS
Lineas 2, 19, 20,202,15,52, 26, 28, 61, 63, 146 y C-1
CERCANÍAS
Estaciones de Recoletos y Atocha
PARKING C/ Velázquez, 16
C/ Montalbán, 6
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